Hurlingham: el naufragio de la gestión Selci

Con un distrito abandonado, La Cámpora se encierra cada vez más en sí misma. El gobierno local se maneja entre la inoperancia y la voracidad por hacer caja y las malas artes políticas y el desprecio por los vecinos. ¿A quiénes llama "los cualunques" el intendente Selci?
Política24 de julio de 2026 Silvana Noacco
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Hurlingham se ha convertido en una suerte de laboratorio de la capacidad de gestión de La Cámpora y el resultado de ese experimento está a la vista de todos:  un distrito abandonado que quedó a merced de una organización que oscila entre dar palos en la oscuridad y la voracidad por hacer caja.

Este cuadro desolador que sufre Hurlingham empuja a hacer una pregunta incómoda, pero necesaria: ¿está en el ADN de La Cámpora la incapacidad que padecen los vecinos?

Para entender el naufragio de la gestión camporista basta con revisar la propia concepción política del intendente Damián Selci. En su libro, titulado pomposamente, Teoría de la militancia, deja en claro su visión de la gente común. 

En esas páginas, a la gente del llano, la denomina el "cualunque". No es extraño, entonces, el desprecio fáctico que hoy sufre el vecino de Hurlingham.

Sin embargo, al enfrentar el barro de la gestión real, La Campora se desnudó como lo que verdaderamente es: un puñado de dirigentes inoperantes, paralizados (o acaso indiferentes) ante los conflictos sociales más elementales.

La gestión de Selci demuestra a cada paso una alarmante falta de imaginación política. Ante una coyuntura nacional desfavorable, que exigiría pragmatismo, audacia y articulación con las fuerzas vivas del distrito, eligieron el repliegue endogámico. Se encerraron sobre sí mismos, en un núcleo que por momentos roza la anomia.

En ese fluir de la administración fueron desarrollando un síntoma peligroso: el temor al vecino. Son incapaces de caminar las calles del barrio sin el cobijo de su propio aparato militante. Selci solo aparece para las selfies en zonas de confort.

No toleran el reclamo legítimo porque sus lecturas no contemplan que la realidad exige soluciones concretas. Han llenado los casilleros del Estado local con funcionarios sin ninguna habilidad técnica, cuyo único mérito es la obediencia ciega. Como no pueden convencer mediante la gestión, intentan colonizar por la fuerza.

Esa lógica dogmática explica la constante tensión que generan en el Concejo Deliberante, un espacio en el que apelan a las malas artes debido a su total impericia para el consenso y la negociación política constructiva.

Con una mística de papel que naufraga en el mar de su propia inoperancia, La Cámpora sigue dejando su sello en el continuo deterioro del distrito. Basta con recorrer las calles y escuchar a los vecinos para advertir el masivo descontento.

Se creyeron vanguardia, pero en la función se reconocen impotentes. La gestión de Hurlingham le quedó muy grande.

SILVANA NOACCO ES LICENCIADA EN SOCIOLOGÍA.