The Morris, canciones de puños apretados y riffs sangrientos

Canciones de puños apretados y mensajes que no son de amor y paz; nada de toda esa bazofia hippie a la que algunas bandas nos tienen (mal) acostumbrados.
The Morris hace punk de autor, su sonido puede prender fuego un patrullero. Esta gente toca de verdad. También hay tecnicismos en esta banda que no para de crecer, con canciones con melodía y riff sangrientos.
Covers hacen las bandas tributo, los Morris van por otro lado. Y sacuden la escena rock hurlinguense, que trata de despegar de ese pasado de gloria e intenta reinventarse a fuerza de canciones roqueras que incomoden, que duelan cuando las escuchás, porque los mensajes tienen lobos salvajes por dentro. Y además, mientras coleccionás figuritas y mirás los pájaros volar, te avivan de que el Súper Rigi se llevó puesto el río Paraná.
Los Morris tocaron en el ya mítico Territorio Cultural La Cortada. Cerraron una noche inolvidable, que compartieron con dos grandes bandas: Cadáver Social y Eskabiosis. Una fecha que se convirtió, al menos, en un hito en la ciudad donde está el agite.
Los Morris subieron al escenario mayor del boliche de La Cortada, reducto gestionado por el legendario Vasco Berecoechea, como pudieron, con sus canciones sin amabilidad ni acarameladas. Saben que no son tiempos para andar hablando con eufemismos.
Los Morris como los G.U.I.S.O Trío o Volúmenes Música vienen mostrando que otra realidad es posible en el rock zonal y que ir a escucharlos y pagar una entrada es apoyar esta cultura rock que está lejos de sucumbir a la nueva vida controlada por la IA.


