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canonical_url: "https://planetahurlingham.com.ar/contenido/592/pintar-la-aldea-los-vecinos-que-la-politica-no-sabe-leer"
title: "Pintar la aldea: los vecinos que la política no sabe leer"
article_type: "Article"
description: "El colectivo Vecinos Autoconvocados se instaló como un actor central de la política local. Sin banderas partidarias y con una estructura horizontal, participa, controla y elabora propuestas. El gobierno municipal le cierra las puertas y busca desprestigiarlo. ¿Cuánto tiempo más podrán mirar para otro lado ante la irrupción de ciudadanos que buscan ser escuchados?"
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date_published: "2026-08-31T09:47:00-03:00"
date_modified: "2026-09-02T10:36:47-03:00"
tags:
  - "COU 2025"
  - "Damián Selci"
  - "Hurlingham"
  - "Vecinos Autoconvocados"
author_name: "Silvana Noacco"
category_name: "Política"
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# Pintar la aldea: los vecinos que la política no sabe leer

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Hay una frase atribuida a León Tolstói que dice: **“Pinta tu aldea y pintarás el mundo”**. Tal vez sea una buena manera de empezar a hablar de **Hurlingham**. No porque lo que ocurre acá sea excepcional, sino precisamente por lo contrario: porque nuestra pequeña aldea puede ser hoy un botón de muestra de algo que está sucediendo en muchas ciudades del conurbano.

En distintos municipios empiezan a emerger movimientos de vecinos autoconvocados alrededor de una preocupación cada vez más visible: **la transformación acelerada de las ciudades y sus barrios**, muchas veces bajo dinámicas que terminan favoreciendo procesos de densificación y gentrificación sin que exista una discusión equivalente sobre infraestructura, servicios públicos, ambiente, movilidad o calidad de vida.

En Hurlingham la convalidación de un nuevo COU produjo algo que quizás sus impulsores no habían previsto: **los vecinos comenzaron a organizarse** y ese fenómeno merece ser observado más allá de la discusión puntual sobre una ordenanza.

E**l vecino autoconvocado**no responde necesariamente a un partido, no reconoce una conducción única, no tiene una estructura tradicional, no ocupa cargos y muchas veces ni siquiera comparte una misma mirada política con el vecino que tiene al lado.

Lo une una preocupación concreta sobre el lugar en el que vive. Son, en buena medida, **ciudadanos huérfanos de representación**.

Pero ¿qué hace la política cuando un grupo de ciudadanos decide intervenir en un asunto público sin pedir permiso a ninguna estructura política?

Instala dudas y sospechas: ¿quiénes son? ¿cuántos son? ¿a quién responden? ¿son de derecha? ¿son parte de una interna peronista? ¿son opositores? ¿son de clase media? ¿son propietarios? ¿son muchos? ¿son pocos? La lista podría continuar.

Lo que resulta llamativo es que buena parte de una dirigencia que reivindica la participación se incomode tanto cuando los vecinos participan. Es curioso que tengan una mirada tan despreciativa de los vecinos  -o, como los define el Intendente, los **“cualunques”-**. Hoy reina una forma muy perezosa de hacer política, porque **convertir al que pregunta en sospechoso permite evitar la incomodidad de tener que responderle**.

Un posteo que circuló recientemente sintetizó, quizá sin proponérselo, esta concepción. Frente a los reclamos vecinales alguien escribió, con tono aleccionador: **“A ver si terminan el secundario y se informan que el pueblo no gobierna ni delibera sino por medio de sus representantes”.**

Lo extraordinario no es la cita. Es la interpretación. Porque detrás de ella aparece una idea inquietante: que elegir representantes implicaría **renunciar a participar, preguntarles, controlarlos, peticionar ante ellos, exigir información o cuestionar sus decisiones**.

Curiosamente, alguien podría imaginar que semejante interpretación proviene de la expresión más conservadora posible de la política… pero no.

Los vecinos autoconvocados son incómodos porque **no caben fácilmente en el casillero que la política tiene preparado para ellos**. Pueden haber votado distinto. Pueden pensar distinto sobre seguridad, economía, educación o sobre el gobierno nacional.

Pero se encuentran cuando perciben que algo amenaza con modificar de manera irreversible el lugar donde viven. Y entonces estudian ordenanzas. Piden expedientes. Leen códigos urbanos. Consultan arquitectos, abogados e ingenieros. Presentan pedidos de acceso a la información. Van al Concejo Deliberante. Discuten densidades, alturas, servicios sanitarios, indicadores urbanísticos y usos industriales.

El ciudadano que supuestamente no estaba interesado en la cosa pública descubre, de repente, que **la cosa pública atraviesa literalmente la puerta de su casa**.

La emergencia de estos movimientos es una extraordinaria oportunidad democrática. Porque detrás del enojo hay algo bastante más valioso: **personas que todavía creen que vale la pena involucrarse en la ciudad en la que viven**.

Hoy nada está terminado. Nada está dicho.

Habrá que ver qué capacidad tienen estos nuevos actores para organizarse, sostenerse y construir una voz propia. Y habrá que ver, sobre todo, cuánto tiempo más puede una dirigencia política seguir observando a sus vecinos **desde arriba de una latita de paté**, convencida de que todo lo que sucede abajo no importa.

Ruidazo: vecinos de Hurlingham se manifestaron contra el COU

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