Los Paisanos Murales cuentan la historia de Hurlingham a puro arte

Un grupo de vecinos rinde homenaje a personajes locales a través de murales en las paredes de distintos barrios.
29 de abril de 2026 Laro Bialobrzeski

Qué hace que un grupo de vecinos comunes de una ciudad común (o no tanto) del primer cordón bonaerense se le ocurra estampar en las paredes de su barrio imágenes de personajes que, a veces, el público no sabe bien qué quiso representar el artista y ni siquiera para que muralea (gran verbo inventado vaya uno a saber por quién).

Ahora bien, por otro lado tenemos a los artistas políticos; huestes de trabajadores municipales (o no) que funcionan como brazo artístico de postulantes a diversos estamentos políticos. Y por último, no olvidemos a los grafiteros, que creen que viven en el Bronx y se visten Gangsta Rap, pero de los distintos anillos de la conurbanía más periférica .

Así las cosas, a tanta historia le llega un final . “Todo concluye al fin”. A eso quizá se debe el surgimiento de Paisanos Murales, un grupo de gente amiga/conocida motivada por pintar la historia de la ciudad de Hurlingham -quizá la mejor ciudad del mundo- en las paredes de los distintos barrios de este municipio nacido en 1995, pero que fue fundado por unos aristócratas escoceses en 1888, comándados por el filántropo Jhon Ravencroft.

Paso Morales, paredón y después

Los Paisanos Murales (¿algo que ver con un juego de palabras entre Paisano de Hurlingham y Paso Morales? Sí, tal vez) surgen de la necesidad de embellecer una ciudad con tanta historia para contar que, acaso, no alcanzarían todas las paredes del partido de Hurlingham.

Entre vecinos caracterizados y famosos y paisajes bucólicos, la ciudad tiene mucho para contar. Y por eso, aunque no haya participado Scaloni, se formó un seleccionado de artistas. El grupo de muralistas está encabezado por Lucas Guigon, un artista con una visión única de la realidad, que siempre parece estar viviendo en Un Mundo Feliz y eso lo transmite en sus pintadas.

Sigue la formación del seleccionado de Paisanos Murales: el ojo Filete de Gabriel Sánchez (alias Gaby Filete), quien pinta en este rincón del Conurbano ese arte icónico de la porteñidad, y tiene el don de darle a sus valientes trazos la nostalgia de un tango a la madrugada. También está el joven Julián Rumba, quien aporta una mirada más moderna a las pintadas, se sumerge en su trabajo pero nunca pierde el tren. Sabe que el futuro está en el próximo mural a pintar. El grupo de muralistas se completa con Brai Guigon, Lucas Bian, Sofía Gherardi, Vale Prof y Stell Colombano, quienes están al pie del cañón siempre que surge la oportunidad de loockear alguna pared y cambiar la cara de la ciudad, siempre y cuando sea algo necesario.

Ideólogos de las formas y colores

Los artistas nadan en un pecera sin límites junto con los ideólogos del proyecto. Todos nadan en la misma dirección, sabiendo que siempre llegarán -gracias a esa unión- a buen puerto.

En el grupo de ideólogos están el vecino conocido como Marcelo Fiori Querseti, quien entre otras ideas mandó a hacer una estatua del Bocha Sokol y la emplazó en una esquina de la ciudad, a metros de donde pasa esa máquina de acero, que algunos llaman Tren San Martín. El hombre es el que tira la idea a muralear (o casi siempre) y siempre (eso sí) consigue fondos para comprar pinturas varias.

También militan en ese grupo el geólogo hurlinguense Joel Cortina Suárez, quien apoya la moción tan solo por el amor que tiene a su ciudad. El que escribe están líneas es quien -tras evaluar un número infinito de ideas, muchas de ellas claramente contradictorias- arma y desarma movidas para finalmente contar en una pared la historia grande de la ciudad .

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Con la ayudita de amigos

Los Paisanos Murales solventan la idea de muralear Hurlingham con el apoyo de algunas fábricas de pintura de la zona, y la buena voluntad de algún directivo escolar o el aporte personal de cada artista (se hace una vaquita, digamos). Siempre es un momento difícil para el arte y más en estos tiempos que corren, cuando aparecieron tipos que tratan de muzzarelear la cultura nacional.

Pero la falta de dinero no frena las ideas, las grandes ideas, como la de estos vecinos, que cuando pintan un mural, en verdad están pinando su mundo, siempre ligado a Hurlingham.

Es casi seguro que acá hay algo más. Acaso una búsqueda interna tal vez, un impulso irrefrenable que no va a hacerlos millonarios ni mucho menos, pero que logrará seguro acentuar su amor por la ciudad y por un sentido de pertenencia que los convierte en ciudadanos de una ciudad única en el mundo. Es la magia de Hurlingham la que genera estas movidas, quizá sin pensarlo ni sin quererlo, tan solo obedeciendo a ideas únicas, como la ciudad misma.

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Personas y personajes

Los murales están diseminados por distintas zonas del partido. Arrancan en Parque Quirno, en la esquina de Los Árboles y Roma, donde se cuenta la historia del barrio y la de sus vecinos. Continúa con Yolanka, el luchador de titanes en el ring, cuyo mural luce en William Morris. Allí también está la imagen del Tapitero, un vecino que recorría todo el partido juntando tapitas para el Hospital Garraham.

La serie de murales continúa con el Bocha Sokol convertido en santo, detrás de la estación de Rubén Darío; Claudio Scaglione, un estudiante del colegio industrial convertido en Héroe de Malvinas; Luca Prodan también convertido en santo y acompañado por una de sus frases que quedó marcada a fuego en la memoria colectiva de estas pampas.

Los Paisanos Murales son gente muy reservada (algo taciturna, incluso) y no le gusta andar contando sus ideas. Pero entre muelas y dientes dicen que tienen varios personajes en el tintero que presionan fuerte por saltar y mostrarse en la vía pública. Y así seguir embelleciendo al partido y contando la historia grande de uno de los municipios más chicos de esa porción de territorio conocido como el Gran Buenos Aires.